
No importa cuál sea la estación del año, las señoras siempre tienen frío.
Haga la experiencia de observar a un matrimonio al entrar en un restaurante. Ni bien atraviesa la puerta, la mujer se abraza a sí misma y comienza a frotarse los brazos con las manos, a la vez que hace movimientos nerviosos con las piernas, por lo general apretándolas a la altura de las rodillas. El hombre, mientras tanto, trata de encontrar -desesperadamente- una mesa contra la pared y lejos de la puerta. Ya sentada y sin haberse quitado el abrigo, temblando como si estuviese bajo una tormenta de nieve, la señora comienza a sacarle lustre a los nudillos de una mano en la palma de la otra. No conforme con esto, levanta un poco el cuerpo para depositar esas heladas manos entre el trasero y la silla, con las palmas hacia abajo, dejando los brazos arqueados como si fueran las asas de un jarrón griego. Como las mujeres detestan sentarse a las mesas de la calzada -por el frío, claro está-, uno tiene que escoger una de dentro del restaurante y, dos horas más tarde, al salir, tenemos más olor a comida que el propio chef del lugar. Entonces ellas, románticas y con los ojos grandes y acuosos por la emoción, nos apoyan la cabeza en el hombro y se nos cuelgan del brazo buscando algo de intimidad. Pero el olor a provenzal o a bife a la parrilla que emana de sus cabellos, anula cualquier deseo sexual que uno pudiera haber tenido.
Si me detengo en la escena del restaurante es porque la encuentro particularmente ejemplar, sin embargo, las mujeres tienen frío en cualquier lugar y en cualquier momento: desnudas, vestidas, en el trabajo, en el auto, en el campo, al anochecer, en el cine, cuando las invitan a caminar, al amanecer, en el baño, después de comer, a media tarde, en la playa, dentro de la cama…
Jajajajajaj si tendrá razón, es que las mujeres somos complicadas hasta con el frío jajaja.
ResponderEliminarBuen comienzo de semanita, saludos
Me ha gustado la descripción y la he podido representar en mi cabeza con tanta claridad, que supongo que la he observado alguna vez sin percatarme del detalle.
ResponderEliminarLas mujeres tenemos frío. No me ofende, puede ser y habría que buscar el motivo, si son los estrógenos u otra causa. Pero claro, yo no padezco demasiado de frío, es lo que tiene vivir tan al sur.
Un abrazo
¡Jolínes Humberto...!, me ha costado trabajo bajar hasta aquí..jejeje!no creas que no me tomó mi tiempo...,desde tu entrada hasta la opción de comentario hay ya kilómetros de ellos...jajajajaj.
ResponderEliminarOyeeee...,es cierto que las mujeres siempre tenemos frío, aunque tengamos cuatro mangas como mínimo ,bufanda,calcetínes de lana,guantes...y aveces, hasta nos apetece ponernos orejeras...jajajaja,y claro..,de esta guisa ya me dirás tú donde queda el erotismo a la hora de la gran faena...jejeje; ¡pobres hombres!, mientras nos pelais cuales cebollas congeladas, y tratais de hacer de estufa improvisada...,se enfría el interés por asuntos amorosos y ¡adios que tengo sueño,caríno!
Muy bueno tu sentido del humor Humberto...,aunque algo hay de cierto ¿no?
Un abrazo
Me gusta "sacarle lustre a los nudillos". Como la entrada está muy centrada en la mujer y ellas les haces la pregunta: Yo no digo nada. O sí, ¿sabes por qué están frías, Hum? Por lo caliente que nos ponen.
ResponderEliminares muy gracioso tu texto...
ResponderEliminary me deja pensando si seré mujer...
beso*
Ese es Humberto, valiente, aún y cuando duela. Nuestro género nos condiciona. ¿Y esos hombres que en las estaciones intermedias pasamos calor, con tal de poder estar junto a nuestra fémina? todo tiene un valor y por extensión un precio.
ResponderEliminarEstupendo, Humberto.
Vaya, vaya. ¿No has escuchado decir que manos frías corazón ardiente? y ¿qué decir de fachada ardiente y corazón frío de algunos?. Bromas aparte, me resultó del todo interesante el punto de vista masculino con el que escribes, al menos esta reflexión. Mucho más lo sería leer otra, cualquiera, en la que escribieras desde la mirada de una mujer. Me encantaría leerla. Me pasaré por este rincón tuyo de vez en cuando. Hasta entonces, un abrazo.
ResponderEliminarPues querido...déjame decirte que yo soy la excepción que confirma la regla, siempre voy con poca ropa porque detesto llevar capas y capas de ropa como las cebollas. No suelo tener ese frio del que hablas...y si a veces lo tengo es por eso, por lo poco abrigada que voy siempre, ja,ja, ja.
ResponderEliminarUn besazo.
Hahaha...que buena carcajada me has sacado.
ResponderEliminarGracias,
Ana
Humberto Did jajaa, buen texto he leído y además con razón... tiene la culpa la mala circulación de la sangre en el cuerpo de la mujer jejejee.
ResponderEliminarDicen pies fríos corazón caliente.
Besos de luz y de color... con calor de mujer....
MA.
muy divertida la presente entrada, mela habìa perdido, ùltimamente, el tiempo libre se me ha reducido increiblemente, por suerte logro pasar a disfurtar de vez en cuando de tus relatos y documentarios antropològicos con sabor a bife .
ResponderEliminarun saludo
Blas
"las asas de un jarrón griego"...
ResponderEliminarNo podías haberlo dicho mejor, Maestro!!
Jajaja, buenísimo el tema... es verdad, pura verdad...
Dos abrazos desde mi pequeño país de cascadas y sueños
Acabo de conocer tu blog justo en esta entrada. Resumo mi comentario en cuatro palabras...ME SIENTO TOTALMENTE IDENTIFICADA!!
ResponderEliminarExcelente tu espacio. Vuelvo pronto, sin duda.
Jajajajajaj... bueno, retiro lo dicho anteriormente, sobre tu "indirecto" sentido del humor. En realidad está bastante directo y bastante claro :D Creo igual que tu: El romanticismo de las mujeres tiende a rebasar las complicaciones cotidianas (Y baya que complicaciones, cuando lo que está en juego es nuestra buena digestión de los alimentos:) Bueno, no estoy para nada ocurrente en los comentarios; Ya son las una de la madrugada y mis neuronas quieren un poco de relax. Un abrazoo y buenas noches ;)
ResponderEliminarMe causó mucha gracia lo del frío ; encierra un algo de verdad ...no siempre tenemos frío . Pero acepto que somos la parte "rara" de la especie . Mas me encanta ser parte de ese porcentaje. Pero no pare de reír con la abundancia de comentarios.
ResponderEliminarCreo sufrimos más cuando esos estrógenos se alocan , en el ocaso de la existencia.
Dios contigo y gracias por esa risoterapia invaluable.
hola Humberto, no encontré en el blog un link de esos con todas las entradas, así que acá estoy yendo para atrás, soy medio queso para comentar, pero quería hacerte saber que me gustan tus relatos, sigo paseando
ResponderEliminarun besooo