
2. Esto no significa que vaya a dejar de visitarlos, pero voy a hacerlo con el tiempo que cada uno merece, el tiempo para leer en serio las entradas y dejar una opinión sincera y válida, cuando lo considere, y no un comentario al paso (cada vez me caen más gruesos los comentarios al paso). Hace poco alguien me dijo que visitar un blog tendría que ser como ir a la casa de un amigo y charlar con él de manera amistosa y comprometida. Me encantó la idea, pues pasar, dejar un “es hermoso tu texto, qué bien escribes” y salir disparando hacia otro blog no le sirve a nadie… Bueno, tal vez a alguien sí, no a mí. Lo cierto es que cuando pase por un blog amigo, sabrá su creador que lo estoy haciendo con mucho placer.
3. Creo que con esta confesión, a la vez, quito la obligación de ‘decir algo’ a los que pasan amablemente por aquí. Para mí ya es un honor el hecho de que vengan y lean lo que escribo. Me parece, también, que me libero de los (¡Dios!) “te comento sólo si me comentas”, “te leo pero nunca comento”, “no te comento porque tienes muchos comentarios”, "no te comento porque tienes muchos seguidores", “seguro que ni lees lo que te escribo” y otros imaginarios que llegan a mi correo electrónico.
4. Tengo la impresión de que el sistema colapsó, ya no es como en los viejos tiempos cuando podíamos visitar a quienes nos dejaban un mensaje, hoy los blogs son tantos y tan variados que la ‘ley de reciprocidad’ ya no puede funcionar. Claro, es algo muy personal, más de 2300 amigos es una cantidad inabarcable (si, ya sé que divinos se escribe con V).
5. Claro que con esto no estoy diciendo “no comenten más”, digo que es imposible para mí retribuir las visitas en la misma medida, no por falta de voluntad -se los aseguro-, sino por falta de tiempo real compatible con una vida normal y sana. Pido disculpas por este sincericidio, pero cualquier otra actitud mía sería engañosa.
6. Jamás lo hice abiertamente, pero aprovecho este manifiesto para agradecer de corazón a los que -cada semana- aportan su granito de idea para que un texto crezca y tome nuevos caminos. No podría nombrarlos a todos, pero les aseguro que son muchos y muy queridos por mí. Un cariño especial a la gente de España cuyas visitas duplican las del país donde vivo y decuplican las del país donde nací. Nadie es profeta en su tierra, qué verdad.
Amada imaginación, lo que más amo en ti es que jamás perdonas.





